viernes, 15 de abril de 2011

Enseñar con el ejemplo y Aceptar la vida como venga... La doble lección de un buen padre

Hay quienes dicen que lo mejor que le pueden dejar los padres a los hijos es su ejemplo y yo estoy de acuerdo.  
Suavemente, poco a poco, los padres van transmitiendo sin querer lo mejor o lo peor de ellos mismos y casi siempre, bajo su propia orientación,  solo se toma lo mejor…  Todo esto no lo digo por el ejemplo que yo pueda estar dejando a mis propias hijas, lo digo por el ejemplo que mi papá me está dejando a mí. 
A mis 41 años, aun estoy aprendiendo lo mejor de mi papá y me siento como una niña que recién empieza a  asimilar toda la enseñanza que él me está dejando.  Yo pensé a los veintitantos años que ya lo había aprendido todo de él: La honradez, la puntualidad, su disciplina, su integridad, etc.  Todos esto, cosas que he seguido aplicando  a lo largo de todos mis años de adulta.  Por supuesto, siempre recordando la templanza y la firmeza con que  mi padre la ha aplicado en la suya propia.
Sin embargo, nada de esto me preparó,  aunque si me ayudó mucho… a sobrevivir los momentos más difíciles que como adulta me ha tocado vivir. 
Casi he desfallecido estos últimos años con una infinidad de situaciones juntas que me han llegado, la mayoría mucho más allá de lo que yo alguna vez creí que tendría que vivir…  Y en cada momento de estos, tan difíciles… aunque los he afrontado con fortaleza, por dentro todo mi mundo se ha visto tambaleado y yo misma me he sentido débil e incapaz de seguir…
Cuento todo esto para reflejar lo dificil que me ha sido como ser humano, aún con toda mi madurez,  asimilar las dificultades y sobreponerme a ellas.  Me he sentido mil veces vencida y mil veces he vuelto a ser la niña que quisiera tener a sus padres, para correr a ellos,  abrazarlos y dejar los temores atrás.  Y cuando digo esto, les confieso que no me reconozco de tanta debilidad, por esto,  sé que que esta sensación de incapacidad, no tiene que  ver con madurez, sino con preparación emocional y quizás hasta espiritual, para las vueltas de la vida. 
Pero como Dios sí que no deja nada al azar, vuelve a mandarme a mi padre, cuando yo creí que ya todo lo que me podía enseñar estaba dado y a una edad en la que muy poco los busco para hablarles sobre los pormenores de mis problemas…
Mi papá es un hombre de 68 años, pero a quien nunca había visto  como un anciano (ni siquiera sospechaba que tenía esa edad), siempre lo vi en los sesenta ni uno más y quizá algunos menos. Año tras año, nunca asimilé que mi papá iba envejeciendo, y lo mismo le pasaba al resto de la humanidad, pues a esa edad era un hombre 100% sano, de buena alimentación, ningún tipo de malestar físico, ni enfermedad conocida.  De esos señores que se levantan de madrugada y recogen, ordenan, cocinan, limpian patios, viven una vida tranquila, no tienen vicios, y a su edad tampoco muchos sobresaltos, fuerte de carácter, algo difícil dirían algunos, muy recto digo yo.  Con una visión tan grande de la vida y tan madura, pero quien siempre dijo que preferiría "estar mil veces muerto,  que convaleciente en una cama y como un viejo enfermo", que cuando algo así le pasara lo dejásemos morir… 
De tan activo y ágil que era, hace ocho meses se le ocurrió como hacía siempre, montar a un árbol del patio a podarlo: “Para que dejase colar las luz del sol” justificaba cada vez, pero con tan mala suerte, que en esta ocasión cayó desde una altura equivalente a un tercer piso…
Desde entonces,  puedo decir que todo fue más allá de lo que se puede ver en cualquier telenovela: la ambulancia que corre con él herido, las malas noticias de parte de los doctores, nosotros los familiares queriendo poner buena cara para no desalentar a los demás, la resignación que mandan a tener los doctores por si el familiar muere, la sala de cuidados intensivos, donde te dicen que tu familiar está entre la vida y la muerte cada día por casi cuatro meses, el llanto un día,  la esperanza otro…  La voluntad de Dios por delante de todo.
La primera vez que me dejaron verlo, después del accidente, tuve que leer su nombre en la camilla, para asegurarme que la persona totalmente inchada y desfigurada que veía era él.  Ese día tenía doce aparatos conectados a la vez.   Un día se hinchó tanto su cuerpo por una bacteria en los pulmones, que pensé que moriría tan hinchado como un sapo.  Otro día llegué y me lo encontré tan al borde de la muerte que aunque no estaba dormido, no nos reconocía y cada intento de respiración pensamos que sería el último.  Yo misma le día mi número a la enfermera para que me avisara si había algún desenlace fatal durante la noche, luego de rogar que nos dejasen quedar a su lado infructuosamente.   Algunos hombres de mi familia, renunciaron a verlo, preferían solo recibir noticias, por no soportar el estado tan delicado en que estaba. 
Pero gracias a Dios, después de resignadamente haberlo puesto en sus manos y acatar su voluntad, fuera cual fuese, mi padre sobrevivió a una bacteria nosocomial en los pulmones, otra en una cavidad del corazón y a dos paros respiratorios.   Aunque su médula no corrió con tanta suerte y se vio seriamente afectada por la caída,  lo que provocó su inmovilización total del cuello para abajo.  No puede mover ni los brazos, ni las piernas. Y respirar por sí solo, es otro milagro, pues los especialistas no creían que podría volverlo a hacer...  Estuvo conectado a un respirador artificial por los cuatro meses que estuvo en una sala llamada  "Cuidados Intensivos de Neuro"   Paso tres meses semi-inconsciente, de esta etapa recuerda muy poco. 
Ahora su pensamiento es perfectamente claro y lúcido como siempre, pero su cuerpo no lo acompaña.
¿Y cómo se imaginan que me sentía cada vez que pensaba en la forma en que iba a tomar toda esta situación, un hombre tan activo como él?  Eso me ponía triste.  Tenía la sensación de que él no podría apreciar la vida y que se iba a sentir muerto de todas formas.  Pensé que ese carácter fuerte del cual muchos ya se quejaban,  iba a tornarse amargo e insoportable y que nos iba a reclamar por dejar que le salvasen cuatro veces la vida… Pero no ha sido así. 
MI papá lo ha tomado como algo que pasó simplemente.  Una situación dada, a las que hay que seguirle el juego.  A pesar de que a veces lo siento triste, él lo ha tomado como una etapa en su vida, como algo que tiene que vivir.  Y cuando se le llega al visitar, está tranquilo, mirando la televisión y todavía sigue preguntando si todo está bien en nuestras vidas. 
Tiene paz en su alma y en su corazón a pesar de que la vida le cambió radicalmente.  Para que tengan una idea mejor, él solo llevaba en retiro de jubilación un año y toda su vida anterior la vivió tres semanas de viaje y una en el hogar. Ahora no se puede ni mover de una habitación de 5m2, porque hasta la silla de ruedas es incómoda para su cuello y solo resiste dos horas diarias en ella.
Cada vez que lo visito y entro a su habitación, siento una admiración al verlo tan sereno y calmo ante una situación tan diferente a la que estamos acostumbrados para él.  Y hay paz, hay paz en su alma y en su alrededor; hasta a mi mamá,  que al principio la sentía un poco frustrada y agobiada con toda esta situación, también la encuentro en paz. 
Hoy me parece que sus vidas son como esas ramas de árboles inmensos, que la brisa mece para un lado y otro, pero que al final son tan resistentes y tan estables, que nos dan esa sensación de que allí no pasa nada y hasta quisiéramos ser ellas…
Para finalizar, debo reconocer  que extraño un poco a esa persona activa que ya no está.  Y también que me siento un poco triste porque ahora si le han caído los años, cuando me habla y lo veo, mucho más viejo que hace ocho meses atrás, en este tiempo ha envejecido desde los 60 que siempre le calculé hasta casi los  70 que está ya por cumplir, y eso me llena de nostalgia.  Ahora también lo veo más vulnerable, pero yo creo que ese es solo mi parecer, el de una persona que debe aprender mucho a sobrellevar las cosas de la vida sin mayor resistencia y no con tanta rigurosidad… 
Sí,  mi papá en estos últimos meses, me ha dado las mejores lecciones de mi vida, una ya la conocía aunque no la tenía muy clara:  Predicar con el ejemplo y la otra:  Aceptar las cosas de la vida como parte natural de si misma.  Aunque ambas las tengo ante mí, todavía no logro asimilarlas, pero sé que dentro de poco lo lograré.  Y espero ser tan sabia y fuerte entonces, como lo ha sido él, como la rama de un viejo árbol que se dobla… pero que no se rompe.

martes, 8 de marzo de 2011

Un embarazo inesperado: Un hijo que nos traerá una bendición inesperada

Cada día libre tengo el placer de ser despertada con unos besitos tibios y unas caricias tiernecitas en la frente.  Al principio tengo la tentación de seguir dormida, pero pronto desisto al comprobar que la fuente de tanto cariño no piensa alejarse,  sino hasta cuando con voz adormecida le salude con un “Hola mi reina, ¿cómo estás?”. 
Estas palabras, aunque las digo con amor, me cuestan un mundo, el mismo que bien pronto tiro al abandono cuando escucho la respuesta de mi angelito despertador: “Bien mami, bien, ¿y tú?’”; al mismo tiempo que llena de energía se acomoda sobre mi regazo para regalarme todavía más, un abrazo lleno de ternura y fuerza infantil, lo más parecido a un abrazo de oso, pero en este caso: oso bebé.  Un abrazo con muchas ganas,  pero por lo cortito de sus bracitos, poco abarcador…
Mientras escribo esto se me inunda el alma de emoción al revivir estos y muchos momentos lindos, los mismos que nunca planee; porque como muchas mujeres,  me sorprendió la cigüeña en una etapa en que un bebé en casa no entraba para nada en la planificación familiar, ni personal de nadie en mi hogar. 
Como mis hijas mayores ya estaban grandecitas,  yo podía estar más tranquila y con mayor libertad de acción, además estábamos tratando de sacar a flote, un negocio familiar.   Mis dos hijas, por su parte,  ya estaban adaptándose a su diferencia de edades, así que las cosas fluían muy tranquilas y en paz en nuestra casa; cuando de pronto descubro,  sin poder creerlo; que estaba nuevamente embarazada… y a pesar de todas las precauciones.  Con  anticonceptivos  incluidos.
Al inicio me sentía sumamente preocupada, la economía familiar tampoco incluía un bebé y menos con todos los gastos que su espera acarrearía.  Hacía tan solo un año, había yo regalado todo lo de mi hija más chica.  Sentía que estaba volviendo a empezar de nuevo, pero esta vez de menos cero.
Sin embargo, poco a poco, de una forma o de otra, nos fuimos preparando para recibir al bebé.  Las preocupaciones se fueron volviendo bromas.  Estábamos seguros de que sería un varoncito, sino por qué un embarazo inesperado; además de que nunca se dejó ver en los ultrasonidos y cuando medio lo hizo,  el doctor pensó que era un varón,  recuerdo que decíamos que le pondríamos de nombre “Salvatore”, porqué tendría que venir a “salvar a la familia entera”; y que en vez de “un pan”, Salvatore traería “un molde”, porque debía ser para todos… Pobrecito mi bebé, con  tanta carga emocional…
Así, entre preocupaciones  y  bromas nació mi niña.  Sorprendiendo a todos los que la llamábamos Salvatore,  por su sexo y como un verdadero regalo navideño,  un 27 de diciembre. 
Con su llegada, no voy a mentir diciendo que las cosas se han arreglado milagrosamente, pero si debo aceptar,  que nuestra vida a seguido igual, sin más,  ni menos.  Rectifico: sin menos, porque sí ha habido más.
Mi hija, aunque fuerte y valiente para enfrentarse a la gente, es algo así como un osito cariñosito, no es que nosotros la consintamos, es que ella nos consiente a nosotros.  Por algún motivo especial,  ella nos ha llenado de amor del bueno.  Lo sabe dar, lo sabe expresar y sobre todo, lo sabe agradecer.  Nos elimina preocupaciones.  Cuando estamos abrumados, abrimos la puerta a su mundo y nos adentramos en sus historias y aventuras, la escuchamos y dejamos fluir nuestra escondida magia infantil junto a la de ella y esto mejora nuestra vida diaria.
Sé que esto no me ha pasado solo a mí, sé que le ha pasado a muchas mamás en el mundo.  De pronto el mundo se les tranca con un hijo inesperado, solo para descubrir que de la forma que sea,  es  una de las mejores cosas que les ha ocurrido y que es un verdadero regalo de Dios.  Si alguna de las mamás que hoy leen esto,  está en esta situación, le recomiendo que no se desespere. Que espere a que su hijo se revele como lo que será, en  una de las mayores bendiciones de Dios en su vida.
Mi gran lección:
Definitivamente, he llegado a la conclusión de que mi vida no hubiese estado completa sin mi hija pequeña y que el espacio que ella ocupa en mi vida y la de mi familia hacía falta de llenar.  Recibamos a cada hijo con la mejor de las alegrías, no importa las circunstancias.  Solo con  la presencia de los hijos,  es cómo podemos descubrir el amor  de Dios en nuestras vidas.
Escrito originalmente para revista Mamá de Hoy, www.mamadehoy.com, modificado para este blog por su autora Nereida Patiño 

lunes, 17 de enero de 2011

Sobreponerse a las situaciones difíciles, cambiando el rumbo de lo establecido: Rompa Paradigmas

                                    .          .          .
                                    .          .          .
                                    .          .          .       
 “Nueve puntos formando un cuadrado y cuatro líneas que los marquen a todos sin dejar ninguno fuera, ni sobreponerse una línea sobre otra.  ¿Cómo se hace?”

Así  empezaba un seminario que tomé recientemente sobre emprendimiento.  De treinta personas, solo una pudo encontrar la respuesta.  Yo todavía hoy tengo que dibujar los puntos y marcar las líneas para recordar como se pudo…
La única respuesta correcta en cualquier dirección es: Saliéndose de la forma visual del cuadrado, es decir: “Olvidándose de lo que está establecido de una u otra forma.”  Recordemos que  nada está escrito, ni dicho en piedra. 
Mucho de lo establecido, no  son más que paradigmas (ideas o hechos aceptados como  verdaderos o falsos sin ponerlos a prueba) y estamos llenos de ellos.   Sin embargo, hay que romper con ellos a veces para encontrarle rumbo a nuestra vida.  Debemos ir en dirección diferente a lo establecido,  si nos  damos cuenta de que no nos está funcionando y buscar nuevas alternativas,  ante cualquier dificultad y en cualquier situación.
No siempre lo usual o común es lo “conveniente” para nosotros.  Cada persona es un ser tan diferente de otro, con situaciones y circunstancias que quizá puedan parecer iguales, pero que el solo hecho de incluirnos les hace únicos, y es que también los seres humanos somos únicos.  Entonces entendamos que no siempre lo que es ideal para otros,  necesariamente es bueno o apto para nosotros.
Aprendamos a ser diferentes, con circunstancias y formas diferentes,  “convenientes”  para nosotros.  Transformemos nuestro mundo para mejor, partiendo de nuestro individualismo y de nuestra felicidad.  Si nosotros logramos ser felices, rompiendo con los paradigmas que nos retienen y desarrollando ideas que nos hagan bien, de seguro seremos felices y contribuiremos con ellos a un mundo mejor.
Recordemos, no todo lo establecido es lo ideal para nosotros.  Tenemos la libertad de salirnos del cuadrado.  Después de todo… Es nuestra vida!

viernes, 7 de enero de 2011

La Adopción: una decisión dificil, pero una buena decisión

Hace unas semanas nació un nuevo “sobrinito”.    Viéndolo, pareciera que Dios mismo le hubiese pintado la carita pues es como un angelito de lo hermoso,  lindo y sanito que es.  Sus papás  están felices al igual que el resto de su familia.  Pero su abuela materna, “una amiga del alma”, es la más feliz después de su mamá. Y no es para menos…

         Es la primera vez, con lo que le gustan los niños y desde que su hija era bebé; que mi amiga tiene a un bebé tan cerquita,  tan cerquita, casi como si fuese suyo; porque todas sabemos que con excepción de los deberes de manutención, la abuela es equivalente a la mamá con todos los poderes y derechos sobre los nietos.   

         Mi amiga trata de no entrometerse entre el bebito y sus papás, pero está al pendiente de todas sus necesidades y es custodia de que nada le falte. 

Tenía mil problemas un segundo antes de la labor de parto de su hija, pero milagrosamente tan pronto esta inició y durante las horas que duró el alumbramiento hasta el nacimiento del bebé;  pareciera que todos se fueron resolviendo, porque ahora nada es más importante, ni tampoco tan urgente de resolver…  Solo importa que el bebé este bien.

         Y pensar que hace unos veintitantos años atrás, Nohelia, como le llamaré para mantenerla en el anonimato, decidió sin darse cuenta la felicidad que la inunda hoy y que le corrobora una vez más que no se equivocó.   Es que ella,   nunca pudo concebir, aunque hizo todos los intentos que la época permitió.  Fueron años muy difíciles,  con las esperanzas en el aire, queriendo formar nubes rosas que nunca se modelaron.

No la conocía entonces, pero a través de los años, la he visto amar y sacrificarse tanto por esa hija, que no me cabe la menor duda de todo su sufrimiento.  Sin embargo, Dios le concedió del don de la visión y la fe,  más allá de la tristeza;  y le permitió a su corazón ver la esperanza y dar y sentir el amor entre un hijo y una madre, al darle a su vida la oportunidad de adoptar un bebé. 

Me cuentan, que en ese entonces, fue una decisión lenta y difícil, con la gran incertidumbre que solo el tiempo resolvería, de estar haciendo lo correcto.  Y por lo que me ha tocado vivir cerca suyo, se que tampoco fue una decisión fácil de llevar a cabo.  Como todas las mamás, Nohelia ha tenido, desencuentros,  tristeza  y hasta decepción a lo largo de su vida maternal.   Más, nada de eso ha hecho que se arrepienta ni un solo instante de haberse decidido a ser mamá.  Porque a cambio de eso,  también ha tenido muchas alegrías: cumpleaños que celebrar, escuelas que visitar, paseos que realizar, bracitos que rodeen su cuello para abrazarla, un cuerpito a su lado a quien proteger y ahora más cercano, tuvo una boda que preparar, un nietito que esperar…

Sin embargo, creo que todavía, Nohelia no alcanza a comprender por todo lo ilusionada que este nuevo angelito la tiene, que recién acaba de recibir la respuesta a todas sus plegarias en momentos tristes, la recompensa divina a todo su amor tan desinteresado, la respuesta más concreta a la pregunta más difícil de resolver: ¿Estaré haciendo lo correcto?

La felicidad aún la tiene trastocada, ¡en buena hora por ella!  Pero se que cuando ella asimile todo esto tan bonito que ahora vive… Vendrá todavía algo mejor: Verá el desenlace y la importancia de su decisión de hace tantos años atrás.  Sentirá un regocijo muy grande, como de quien llega a la meta y encuentra la recompensa a la vez.  Se sentirá bien consigo misma y estará orgullosa de sí y agradecerá a ese Dios tan inmenso el haberle permitido, aunque no de la manera tradicional, entrar a ese grupo tan privilegiado donde se es mamá y se da y se recibe amor, no solo por una generación… sino por todas las que vendrán.

No, mi amiga no se equivocó.  –“Hiciste lo correcto, Nohelia”.


Reflexión:

La vida nos pone pruebas que debemos aprender a vencer.   Un hijo es un hijo venga de donde venga, tan solo se necesita una madre para convertirlo en “un hijo” querido y amado. Felicito a las mujeres que han sido capaces de vencer todos los obstáculos y se atrevieron a dar el paso de ser mamás por adopción.  Pero más felicito a sus hijos, por la bendición de tener una madre valiente que los cuida y los protege y con  la facultad de amarlos por encima de todos los prejuicios sociales.

            Y a las señoras que puedan estar teniendo alguna dificultad en concebir, las exhorto a que continúen en su intento, pero que no descarten la alternativa de una adopción.  Esta decisión les puede cambiar la vida y  devolver el amor y la esperanza a sus vidas y a la de alguien más…

Escrito originalmente para revista Mama de Hoy, www.mamadehoy.com, modificado para este blog por su autora Nereida Patiño. 

sábado, 27 de noviembre de 2010

Amores Infantiles ¿Cómo actuar cuando nuestros niños se enamoran...?

        Tengo poca edad para ser suegra.  Sin embargo, quien le explica eso a mi hija mediana; que no entiende que su corazón va mucho más rápido que su edad. Y es que a sus cortos nueve años, ha tenido tres largos romances… Cada uno aproximadamente de tres años.  Sí, eso le duran los enamoramientos a esta niña.  Son laaaaargos, y sin tener leña en el fuego… porque son de ella soliiiita.

La primera vez que tuve idea de esta situación, fue algo digno de una caricatura.  Salí a conversar con el grupo de vecinitos y encontré el cuadro: Mi hija mayor conversando despreocupada, mientras que un vecinito enamorado hacía bromas entre el grupo  y trataba de llamar su atención,  y en el medio de esa escena; mi reinita pequeña,  tratando de atravesarse para llamar la atención a su vez, de quien ni siquiera había notado su existencia; sino la de su hermana.

Aunque no lo crean,  esto se repitió durante los dos años siguientes.  El enamoramiento fue tal,  que regaló un Barney hermoso  que bailaba y cantaba, cuando tenía cinco años… ¿ Y adivinen a quién…?   Nada menos que a la hermanita del niño.  A la cuñadita… igual que hicimos nosotras,  en alguna ocasión.  ¡Gracias a Dios se mudaron al poco tiempo y entonces sí, fin del amor platónico,  como era de esperarse!

Esto se repitió de diferente forma,  pero con igual intensidad en Kinder, al poco tiempo de olvidar al primero.   Recuerden que a “Rey…”  Bueno ya ustedes saben,   parece que ella también se sabía el curso. 

El segundo no correspondió más que el primero.  Lo que más recuerdo de él,  fue una tarde en que la recogí en el colegio y ella aprovechó la ocasión para "presentármelo", pero dándole una correteada al asustado niño, el cual huía más, mientras ella más lo llamaba por un lado y me decía por el otro:  “Ven, acércate al bus, que te lo quiero presentar”. 

Esto último no se llegó a dar.  A pesar de su insistencia, tanto el niño,  como yo,  renunciamos a su empeño. Él por el susto y yo porque esta situación no era nada fluida, sino todo lo contrario.    Gracias a Dios, este también se mudó.  Se cambió de colegio y… “A otra cosa mariposa...”

No obstante todo lo anterior, desde hace ya dos años y medio supe que nuevamente tenía yerno y de la manera más brusca para una “Suegra”.  Encontré entre las pertenencias de mi “niñita” una tarjetita… Arrugadita, mal cuidada, pero intacto el texto: “Ya no es un secreto…”  -decía el escrito.  Y en un cuadrito que sostienen Pluto, Micky y otro perrito que no se quién es… habían escrito con una letra bastante malita: “si no algo más.”  

Recuerdo que hasta entonces estaba riendo, mi mente curiosa se preguntaba divertida:  ¿De quien será esto?  Imaginen mi cara al dar vuelta a la tarjetita y seguir leyendo: “…Me derrito por ti y qué?  Solo quería que lo supieras.”  decía la tarjeta. Y en el mismo cuadrito igual a la imagen frontal, habían escrito también: “que te amo, Fulanito.”  Y para sacarme de la incredulidad, firmaba: Ella, mi hija.

Asustada,  conversé con ella, me pareció que le gustaba el niño, pero nada importante.  Y paso el primer año, y así mismo pasó el segundo… Le comenté a su papá: “Hay que estar pendiente, uno nunca sabe…”  me dijo el exagerado.  Mi mamá “serena” me dijo:  “¡Ay, no!, ese niño es inofensivo…” Eso me tranquilizó por otro año.  Pero ya vamos por la mitad del tercero…  Y me enteré que le manda chocolates… “¡Mi madre, parece que este no es tan platónico nada!”, digo yo. 

Hace poco, me corroboró que le gustaba el niño todavía.  Y lo dijo tan tranquilita, con la serenidad del que tiene un secretito bonito.  “Me parece bien”, le mentí aparentando tranquilidad…   “Pero, tu sabes que las reglas son que puedes tener amigos, pero nada de “inventos” hasta que estés ya grande como tu hermana, ¿Verdad?”  Pregunté aterrada.  “¡Claro mamá, ya lo sé!”, me dijo impaciente. “¡Ah, bueno!”  Le volví a mentir.

Y es que no se que hacer… solo el tiempo,  las enseñanzas y los cuidados sobre ella lo dirán. 

La familia de este niño lleva toda mi vida viviendo donde están… La verdad, creo que este nunca se va a mudar… ¡Ay Dios, y ahora, ¿quién podrá ayudarme…?!


Mi lección:
No podemos controlar los gustos y sentimientos de nuestros hijos.  Mientras sean niños, mayormente el destino se desarrollará como quisiésemos para ellos, pero llegará el día en que las cosas se saldrán de nuestro control y en ese momento solo podremos confiar en nuestros cuidados y la educación que les dimos.  Estas serán sus mejores armas, entreguémoselas y dejémoslos actuar.

Artículo escrito originalmente para Revista Mamá de Hoy, http://www.mamadehoy.com/  Adaptado para este blog por su autora Nereida Patiño